Derrota cruel en Ipurua para un Huesca que compite pero no suma

La SD Huesca cae 2-1 ante el Eibar en un duelo marcado por errores propios, polémicas arbitrales y la falta de solidez en momentos clave.
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Derrota cruel en Ipurua para un Huesca que compite pero no suma | Imagen SD Huesca

La SD Huesca volvió a marcharse de Ipurua con la sensación de que, una vez más, todo se le puso en contra. El conjunto de José Luis Oltra cayó por 2-1 ante un Eibar sólido en casa, en un encuentro donde confluyeron fallos individuales, decisiones arbitrales discutidas y la ya conocida fragilidad azulgrana en los minutos determinantes. La permanencia continúa a cinco puntos, un margen que empieza a ser asfixiante.

El partido arrancó con un guion previsible: intensidad local, respeto visitante y un Huesca bien plantado, capaz de presionar arriba pero sin la profundidad necesaria para generar peligro real. El Eibar, sin brillantez, fue creciendo a través de centros laterales y acciones a balón parado. Martón tuvo la más clara antes del descanso, pero el 0-0 reflejó un duelo táctico y cerrado.

El choque cambió tras el paso por vestuarios. El Eibar salió con una marcha más y castigó pronto a un Huesca hundido en su área. En el 49’, una combinación entre Adu Ares y Corpas terminó en el 1-0 de Martón, que empujó a placer mientras Piña se dolía en el área. El golpe dejó aturdido al equipo, que tardó en reaccionar.

Los cambios de Oltra dieron aire. Con Sielva y Liberto en el campo, el Huesca dio un paso adelante y encontró el premio en el 70’: córner de Sielva y cabezazo impecable de Javi Mier para el 1-1. El equipo incluso rozó el 1-2 en un remate de Piña que salvó Magunagoitia.

Pero cuando mejor estaban los oscenses, llegó el caos. En el 74’, expulsión de Julio Alonso por una mano que evitaba una ocasión manifiesta. Y poco después, la acción que marcó el partido: mano clara de Cubero no señalada, despeje defectuoso y golazo de Sergio Álvarez desde la frontal. Ni árbitro ni VAR consideraron punible la mano, desatando la indignación visitante.

Con diez jugadores y sin claridad ofensiva, el Huesca apenas inquietó en el tramo final. Un disparo de Liberto fue la única amenaza real. Ni el añadido, también polémico por el tiempo no prolongado, permitió una última oportunidad.

El equipo compite, mejora por momentos, pero no transforma esas sensaciones en puntos. Y en este contexto, ya no basta con dar la cara: la Primera RFEF se acerca peligrosamente si no llega una reacción inmediata.

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