El felino fósil que revela una evolución en mosaico
Un estudio funcional del Promegantereon ogygia muestra cómo la evolución en mosaico definió la anatomía de los primeros félidos dientes de sable, a partir de fósiles excepcionales hallados en Batallones‑1 y Teruel.
La evolución de los primeros félidos “dientes de sable” vuelve a reescribirse gracias a una investigación multidisciplinar que analiza con detalle la extremidad posterior de Promegantereon ogygia, uno de los carnívoros más representativos del Mioceno superior europeo. El trabajo, publicado en BMC Zoology por especialistas de la Fundación Dinópolis, ARAID, el MNCN‑CSIC y la Universidad de Valladolid, se basa en los excepcionales fósiles recuperados en el yacimiento madrileño de Batallones‑1, considerado uno de los enclaves más importantes del mundo para el estudio de estos depredadores.
El análisis comparativo de huesos, inserciones musculares y articulaciones frente a félidos actuales de tamaño similar revela profundas diferencias morfológicas. La extremidad posterior de Pr. ogygia, perteneciente a los Machairodontinae, conserva rasgos primitivos ya presentes en Proailurus lemanensis, el félido más antiguo conocido. Esta combinación de caracteres confirma un patrón de evolución en mosaico, en el que distintas regiones del esqueleto evolucionaron a ritmos desiguales.
Los investigadores recuerdan que estudios previos sobre el cráneo y la extremidad anterior ya apuntaban a esta mezcla de rasgos derivados y ancestrales. Sin embargo, la extremidad posterior mantiene una morfología muy próxima a la de los primeros félidos, salvo la pelvis, que presenta adaptaciones clave para generar una gran fuerza propulsiva y controlar los desplazamientos laterales, elementos esenciales en su estrategia de caza.
Algunos hallazgos han sorprendido al equipo, como la reducción extrema de la faceta para el menisco medial en la tibia, cuya función no resulta evidente. Otros rasgos, en cambio, apuntan a un comportamiento trepador: el calcáneo muestra inserciones musculares muy desarrolladas, propias de carnívoros capaces de ascender con agilidad a los árboles. Esta habilidad habría sido determinante para sobrevivir en un entorno donde coexistían depredadores de gran tamaño, como Machairodus aphanistus, osos gigantes y anficiónidos que superaban los 200 kilos.
El estudio también destaca la presencia de Pr. ogygia en las faunas del Mioceno superior de Teruel, donde se halló un radio patológico en el yacimiento de La Roma‑2 (Alfambra). Esta pieza excepcional ha permitido analizar cómo afectaban las lesiones derivadas de la caza a estos carnívoros.
Los fósiles de Promegantereon ogygia pueden contemplarse actualmente en la exposición “Dientes de Sable” del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid, abierta hasta octubre de 2026. El Museo Aragonés de Paleontología, en Dinópolis (Teruel), exhibe además el único radio patológico conocido de esta especie.