Vigilancia reforzada ante la crecida ordinaria del Ebro
El Gobierno de Aragón intensifica el control del río Ebro y activa medidas preventivas ante la crecida ordinaria
El Gobierno de Aragón ha reforzado la vigilancia ante la crecida ordinaria del río Ebro, una situación que mantiene activado el Plan de Inundaciones (PROCINAR) en fase de alerta. La avenida alcanzó la localidad de Novillas durante la madrugada con un caudal aproximado de 1.650 metros cúbicos por segundo, una cifra ligeramente inferior a la prevista inicialmente, según los datos facilitados por Protección Civil.
A primera hora de la mañana, el consejero de Hacienda, Interior y Administración Pública, Roberto Bermúdez de Castro, presidió una reunión en la Sala de Crisis del 112 Aragón junto al director general de Interior y Emergencias, Miguel Ángel Clavero, y técnicos especializados. El objetivo fue coordinar la respuesta institucional y evaluar el comportamiento del río en los tramos más sensibles de la ribera.
Como parte del dispositivo, dos equipos técnicos recorren este lunes las zonas más vulnerables de la Ribera Alta. El primero supervisa los términos municipales de Novillas, Gallur, Pradilla, Boquiñeni, Luceni y Alcalá de Ebro, mientras que el segundo se desplaza por Utebo, Sobradiel, Torres de Berrellén, Alagón, Remolinos y Cabañas de Ebro. Su labor se centra en revisar el estado de las motas, identificar puntos críticos y comprobar la estabilidad de infraestructuras sensibles, entre ellas la depuradora de Utebo y los accesos a Monzalbarba y Pradilla de Ebro.
La Confederación Hidrográfica del Ebro prevé que la crecida llegue a Zaragoza este martes a mediodía o primeras horas de la tarde, con un volumen cercano a los 1.600 m³/s. Se espera que el pico se manifieste en forma de meseta sostenida, que podría prolongarse durante más de 24 horas.
Por el momento, el Centro de Emergencias 112 Aragón no ha registrado incidentes relevantes asociados a esta crecida. Desde el domingo, el Ejecutivo mantiene un contacto permanente con los municipios de la Ribera Alta y Baja, incluida la capital aragonesa, a los que se ha solicitado reforzar las tareas de prevención y vigilancia. Aunque no se anticipan daños en los cascos urbanos, sí podrían producirse afecciones en tierras de cultivo, casetas agrícolas y explotaciones ganaderas.