Tarazona reivindica su Semana Santa más ancestral

La Semana Santa de Tarazona aspira a ser Fiesta de Interés Turístico Nacional con un programa histórico, diez cofradías y tradiciones únicas como los carrapuchetes, los ensacados y los alabarderos.

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Tarazona | Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén

La Semana Santa de Tarazona se prepara para vivir una de sus ediciones más ambiciosas y emotivas, una celebración que hunde sus raíces en el siglo XVI y que hoy aspira a obtener el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Con más de medio centenar de actos y diez cofradías movilizando a cerca de un millar de fieles, la ciudad se convierte en un escenario donde tradición, patrimonio y espiritualidad avanzan al unísono.

“Vamos a ver a los carrapuchetes”, se escucha estos días en las calles turiasonenses. El término, profundamente local, designa a los nazarenos y procede del diminutivo carrapuchet, relacionado con el capirote que caracteriza su indumentaria. El documento recuerda cómo “por las calles turiasonenses ya casi se puede sentir el olor a incienso y el repicar de los tambores y las carracas al paso de los carrapuchetes” .

Un legado que se remonta a 1555

La historiadora Rebeca Carretera Calvo sitúa en 1555 la creación de la primera cofradía turiasonense, la del Nombre de la Sangre de Cristo, origen de la actual Santísima Vera Cruz. En el convento de San Francisco, donde aún se conservan pinturas murales del claustro mudéjar, los franciscanos dejaron por escrito que la procesión debía realizarse “con hachas o otras lumbres encendidas” . Así nació la Procesión de los Ensacados, una de las más sobrecogedoras, que recorre la ciudad en un silencio solo roto por el arrastre de cadenas.

El programa: solemnidad, historia y símbolos únicos

La Semana Santa turiasonense se abre el Viernes de Dolores, con la Cofradía de Nuestra Señora Virgen de los Dolores, cuyos cofrades visten de negro y acompañan a la Dolorosa en un ambiente de recogimiento absoluto. Le sigue la Procesión de la Piedad, que parte de la Catedral con una de las obras maestras de Francisco Gutiérrez, escultor de cámara de Carlos III.

El Domingo de Ramos marca la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, mientras que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación aporta uno de los momentos más intensos del día con sus hábitos rojo sangre. El Lunes Santo, la Real e Ilustre Cofradía del Santo Cristo del Consuelo y Santa María Magdalena ofrece una de las salidas más esperadas, con el paso de Jesús camino del Calvario.

El Miércoles Santo, más de 400 hermanos de la Cofradía del Santo Cristo de los Afligidos llenan las calles de blanco y morado, acompañados por una potente banda de cornetas y tambores. El Jueves Santo, la Cofradía de la Oración del Huerto, protagonista del cartel de este año, aporta el característico verde del Santuario de la Virgen del Rocío.

Los alabarderos: un símbolo identitario

Si hay un momento que define la Semana Santa de Tarazona es la Procesión del Santo Entierro, el Viernes Santo. En ella cobran protagonismo los alabarderos, incorporados en 1655 y encargados del solemne acto de sellado del sepulcro, una tradición que se ha convertido en seña de identidad de la ciudad. El documento destaca que “a partir de ese momento culminarán la Procesión del Santo Entierro con el cierre y sellado del sepulcro” .

Patrimonio monumental como escenario

La celebración se enmarca en un entorno patrimonial excepcional. La Catedral de Santa María de la Huerta, conocida como la “Capilla Sixtina del Renacimiento español”, combina gótico francés, mudéjar y elementos renacentistas únicos. Sus pinturas del cimborrio, ocultas durante siglos, son hoy uno de los grandes reclamos culturales.

El Palacio Episcopal, las casas colgadas de la Judería, la Plaza de Toros Vieja o la fachada renacentista del Ayuntamiento completan un recorrido urbano que convierte la Semana Santa en una experiencia estética además de espiritual.

Naturaleza y escapadas en torno al Moncayo

La comarca ofrece además un entorno natural privilegiado. El Parque Natural del Moncayo, los pueblos de postal como Trasmoz, Los Fayos o Vera de Moncayo, y el histórico Monasterio de Veruela, futuro Parador Nacional, amplían las posibilidades de una escapada que combina cultura, tradición y naturaleza.

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