La DPZ acompaña la fiesta de los Corporales en Daroca
La Diputación de Zaragoza participa un año más en la Fiesta de los Corporales de Daroca, con una comitiva de 21 diputados encabezada por Juan Antonio Sánchez Quero y Teresa Ladrero, en una tradición con más de 60 años de historia institucional.
La Diputación de Zaragoza ha participado este jueves en la tradicional Fiesta de los Corporales de Daroca, una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón y en la que la institución provincial lleva más de seis décadas desfilando en comitiva junto a los vecinos de la localidad.
Este año, la representación institucional ha estado formada por 21 diputados, encabezados por el presidente de la DPZ, Juan Antonio Sánchez Quero, y la vicepresidenta, Teresa Ladrero. Ambos han acompañado a los darocenses en una jornada que combina tradición, historia y arraigo cultural.
Sánchez Quero ha destacado la importancia de esta cita para la identidad local:
“Hoy es un día muy especial para los vecinos de Daroca, que lo esperan y lo viven con mucha ilusión”.
El presidente ha recordado además que la Diputación contribuyó a que esta festividad fuera declarada en 2006 Fiesta de Interés Turístico de Aragón.
Una tradición que une a toda la comarca
La comitiva institucional ha asistido a la eucaristía celebrada en la iglesia colegial de Santa María, desde donde ha partido la procesión por las calles del casco histórico, cubiertas con un manto de flores. La DPZ acompaña cada año a los vecinos de Daroca y a visitantes llegados de toda la comarca y provincias limítrofes, reforzando el vínculo entre institución y territorio.
El origen histórico: el milagro de 1238
La festividad conmemora el milagro de los Corporales, ocurrido en 1238 durante un enfrentamiento entre tropas cristianas y musulmanas en las cercanías de Valencia. Según la tradición, durante una misa celebrada por mosén Mateo, las seis hostias consagradas aparecieron empapadas en sangre, un hecho interpretado como milagroso y que impulsó a los cristianos a la victoria.
El sacerdote, montado en un asno blanco, mostró las hostias ensangrentadas durante la batalla, lo que se convirtió en el símbolo central de esta tradición que ha perdurado a lo largo de los siglos.