La cerámica renace en Zaragoza: reabre la Casa de Albarracín
Reabre la sede de cerámica del Museo de Zaragoza en la Casa de Albarracín del Parque Grande José Antonio Labordeta, tras una inversión de 80.000 euros, con exposición temporal de Tanzan Kotoge y actividades.
La sección de cerámica del Museo de Zaragoza ha reabierto sus puertas en la emblemática Casa de Albarracín, ubicada en el Parque Grande José Antonio Labordeta, tras una inversión de 80.000 euros destinada a su rehabilitación y mejora museográfica. El edificio —un homenaje a la arquitectura tradicional turolense, proyectado en 1955 con referencias a Bronchales, Albarracín, Calomarde y Orihuela del Tremedal— vuelve a funcionar como contenedor y pieza patrimonial al mismo tiempo, reforzando su valor histórico y simbólico en la ciudad.
La reapertura devuelve al público una de las colecciones de alfarería más completas del país, articulada con un criterio evolutivo que permite leer la transformación de usos, técnicas y estilos a lo largo de siglos. El recorrido integra sigillatas del mundo romano, manufacturas de las Reales Fábricas —Alcora y Buen Retiro— y ejemplos de talleres europeos de referencia como Sèvres y Sunderland. Una maqueta de alfar tradicional explica con claridad el proceso artesanal, de la extracción del barro al horneado, pieza por pieza.
El corazón de la sala es la cerámica decorada aragonesa, con foco en los tres polos históricos: Muel, Teruel y Villafeliche. Sobresalen las series mudéjares, la técnica del reflejo metálico y las policromías que evolucionaron conforme cambiaban los gustos y las demandas sociales. La alfarería popular aragonesa —cántaros, tinajas, ollas y vajillas de uso cotidiano— se presenta como documento etnográfico de una cultura material que sostuvo la vida doméstica hasta bien entrado el siglo XX, distinguiendo entre piezas de agua y de fuego (vidriadas).
En paralelo a la reapertura, el museo inaugura “Kotoge, Tanzan. El paso de las estaciones. Haru – Primavera”, una exposición temporal construida con fondos propios procedentes de la donación/deposito del ceramista japonés Tanzan Kotoge (Himeji, 1946 – Kioto, 2020). La muestra reúne nueve piezas con motivos vegetales primaverales y abre un ciclo de cuatro entregas, una por estación, que se prolongará a lo largo de 2026. La primera podrá visitarse entre marzo y junio de 2026.
La programación se completa con actividades que tejen puentes entre Aragón y Japón: la inauguración se acompañó de un concierto de taiko a cargo del grupo Kamidaiko, en colaboración con la Asociación Aragón–Japón. El museo celebrará el Hanami (11 y 12 de abril) con visitas comentadas a la exposición de Kotoge; en mayo habrá talleres de sumi-e impartidos por Kumiko Fujimura, además de una demostración de Ikebana a cargo de Sonoko. De cara al otoño, el programa incluirá un taller de Ceremonia del té con Laura Maraver (Minna no Kimono).
“Es una colección significativa porque nos permite comprender un tiempo que ya no existe”, subrayó el director general de Cultura, Pedro Olloqui, al contextualizar la importancia de preservar y actualizar el discurso expositivo. La intervención —“muy bien gestionada”, en palabras del responsable— habilita nuevos espacios y mejora la relación entre visitante y colección, ajustándola a los estándares de accesibilidad y mediación del siglo XXI.
Con esta reapertura, el Museo de Zaragoza reactiva un polo clave para la interpretación de la cerámica como patrimonio técnico, artístico y social, y sitúa la Casa de Albarracín como un escenario donde dialogan la tradición aragonesa y las poéticas contemporáneas del barro, confirmando a Zaragoza como un nodo de referencia para estudiosos, artesanos y público general.