Ciento cincuenta años después de su estreno en París

Aniversario de una ópera universal: Carmen

El 3 de marzo de 1875, en el Teatro de la Ópera Cómica de París, se estrenaba Carmen, obra de Georges Bizet, uno de los títulos más emblemáticos del repertorio lírico. Paradójicamente, aquel estreno fue un fracaso: el público recibió con frialdad una trama que desafiaba las convenciones sociales de la época. La protagonista, una gitana sevillana, induce a un soldado a desertar, se dedica al contrabando, canta y baila en tabernas y finalmente muere asesinada por su amante. La crudeza del argumento llevó incluso a prohibir la asistencia de menores, en defensa de las “buenas costumbres”.

Con el paso de los años, Carmen adquirió un significado distinto: se convirtió en símbolo de la mujer liberada del siglo XX, capaz de decidir por sí misma y vivir al margen de las normas morales. Bizet, sin embargo, no pudo disfrutar de este reconocimiento. Falleció apenas tres meses después del estreno, a los 37 años, cuando la ópera comenzaba a abrirse camino hacia el éxito que la consagraría como universal.

El libreto, firmado por Henri Meilhac y Ludovic Halévy, se inspiró en la novela homónima de Prosper Mérimée, hispanista francés que viajó en varias ocasiones a España y dejó testimonio de su admiración por el país en artículos y cartas. Mérimée mantuvo amistad con la condesa de Montijo, María Manuela Kirkpatrick, madre de la emperatriz Eugenia de Francia, lo que le permitió ocupar un lugar destacado en la vida cultural y política francesa.

El personaje de Carmen, cigarrera de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, vive únicamente el presente. El amor, para ella, es un capricho transitorio. Sus actos no responden a normas morales, sino a una fuerza natural que la conduce inexorablemente a su destino. En el “terceto de las cartas” se enfrenta a la premonición de su muerte, mientras su antagonista, Don José, se ve dominado por una pasión enfermiza que lo lleva a la deserción, al rechazo de su antiguo amor Micaela, y finalmente al crimen, cuando los celos ante el torero Escamillo lo impulsan a asesinarla.

La música de Bizet ha sido celebrada por su melodía, armonía, atmósfera y orquestación, capaces de reflejar con precisión las emociones de los personajes. Entre sus momentos más célebres destacan:

  • La Habanera L’amour est un oiseau rebelle, basada en la habanera El arreglito de Sebastián Iradier, compositor español conocido también por La Paloma. Bizet creyó que la pieza era de autor anónimo, lo que generó polémica sobre el supuesto plagio.

  • La Seguidilla, aria provocadora que abre espacio para el dúo con el tenor.

  • El aria de la flor, La fleur que tu m’avais jetée, donde Don José declara su amor con intensidad dramática.

La historia de Carmen está también ligada a la voz del tenor aragonés Miguel Fleta, considerado uno de los mejores tenores-actores de la historia. El 8 de noviembre de 1925 interpretó a Don José en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona. La expectación fue tal que Radio Barcelona retransmitió su célebre aria, interrumpiendo funciones en otros teatros de la ciudad para que público y actores escucharan su interpretación. En el último acto, Fleta imprimió una fuerza dramática tan intensa que su compañera, la mezzosoprano italiana Giuseppina Zinetti, llegó a sentir miedo físico ante la mirada y el gesto del tenor. La representación concluyó con ovaciones interminables, escribiendo una página memorable en la historia de la ópera en España.

Hoy, en su 150 aniversario, Carmen sigue siendo uno de los títulos más representados en los grandes teatros del mundo. Su éxito actual contrasta con el fracaso inicial, y la leyenda sostiene que Bizet murió afectado por la decepción del estreno, víctima de una dolencia cardiaca, justo cuando caía el telón de la trigésima tercera representación. La posteridad lo consagró como un compositor de gran originalidad cuya obra, nacida en la incomprensión, se convirtió en un mito universal.

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