El Zaragoza se hunde: otro golpe en una noche decisiva

El Zaragoza se hunde: otro golpe en una noche decisiva

Crónica detallada del empate ante el Eibar y del creciente deterioro competitivo del equipo aragonés

El Real Zaragoza volvió a demostrar que atraviesa un momento crítico. En un encuentro marcado por la urgencia clasificatoria y por la necesidad imperiosa de sumar tres puntos, el conjunto de Rubén Sellés solo pudo rescatar un empate frente al Eibar, pese a adelantarse en el marcador y disponer de ocasiones claras para sentenciar. El resultado, lejos de aliviar la situación, profundiza la sensación de bloqueo competitivo y emocional del equipo.

Sellés apostó por una alineación cargada de fichajes invernales, un intento evidente de reactivar a un grupo que no encuentra respuestas. El once, con Andrada, Aguirregabiria, Saidu, El Yamiq, Larios, Tachi, Mawuli, Rober, Cumic y Cuenca, reflejaba la urgencia de un club que ya no puede permitirse esperar.

El partido comenzó con equilibrio, aunque el Zaragoza mostraba dificultades para generar peligro real. La primera gran ocasión fue visitante, pero el conjunto aragonés respondió con un disparo de Cumic que la defensa armera desvió. El serbio fue uno de los jugadores más activos en el primer tramo.

El premio llegó en el minuto 25: El Yamiq, con un cabezazo impecable, firmó el 1-0 y dio un respiro a un equipo que necesitaba creer. El Zaragoza pudo ampliar la ventaja, pero el portero Magunagoitia frustró el 2-0 con una intervención decisiva ante Francho. El descanso llegó con ventaja mínima y con la sensación de que el partido estaba donde el Zaragoza quería.

La segunda mitad comenzó con un golpe inesperado: Cumic se lesionó y tuvo que ser sustituido por Sebas Moyano. El recién incorporado generó una acción brillante que terminó con un disparo de Cuenca al palo y un rechace fallado por Francho, una ocasión que pudo cambiar el destino del encuentro.

El fútbol, sin embargo, castigó la falta de contundencia. En una acción desafortunada, El Yamiq introdujo el balón en su propia portería, devolviendo el empate al marcador y desatando el nerviosismo en el estadio. A partir de ahí, el partido se volvió caótico: interrupciones constantes, amarillas, imprecisiones y un Zaragoza que alternaba el miedo a perder con la obligación de ganar.

Sellés movió el banquillo con Paul, Soberón y Agada, pero el equipo no encontró claridad. Soberón tuvo una ocasión clarísima en el 78’, pero su remate se marchó desviado. El tramo final fue un ejercicio de supervivencia, y la noche terminó de torcerse con la expulsión de El Yamiq, protagonista involuntario de la montaña rusa emocional del encuentro.

El pitido final certificó un empate que sabe a derrota. En una jornada clave, el Zaragoza volvió a fallar. La situación es alarmante y el margen de error, prácticamente inexistente.