Empate con carácter y orgullo en Butarque
El técnico del Real Zaragoza analiza el 1-1 ante el CD Leganés destacando la fortaleza mental, el valor del punto y la exigencia del calendario
El empate cosechado por el Real Zaragoza en Butarque dejó sensaciones contrapuestas, pero también un mensaje claro desde el banquillo: el equipo compite, resiste y sigue vivo. En la rueda de prensa posterior al 1-1 ante el CD Leganés, el técnico zaragocista ofreció una lectura pragmática del resultado, poniendo en valor tanto el punto como el contexto competitivo.
El entrenador subrayó que el empate “hay que hacerlo bueno”, especialmente por el mantenimiento del golaveraje y la distancia respecto a un rival directo. Más allá del resultado, el análisis del partido se dividió en dos fases bien diferenciadas: una primera parte de alto nivel y una segunda en la que el equipo sufrió más de lo previsto.
En ese tramo de dificultad, el conjunto aragonés acusó desajustes en la presión y cierta falta de coordinación colectiva. La intensidad no siempre fue acompañada de orden, lo que permitió al rival encontrar espacios con relativa facilidad. A ello se sumó el factor físico: varios jugadores regresaban tras periodos de inactividad, algo que condicionó su rendimiento en el tramo final.
Pese a ello, el equipo reaccionó tras los cambios y logró reequilibrar el encuentro, generando incluso opciones claras en los últimos minutos. “Cuando no puedes ganar, al menos no perder”, vino a resumir el técnico, en una declaración que refleja el momento competitivo del equipo.
Uno de los aspectos más destacados fue el rendimiento de los jugadores menos habituales. El cuerpo técnico apostó por una alineación con novedades, especialmente en banda derecha, que ofreció profundidad y protagonismo ofensivo durante la primera mitad. La valoración fue positiva, reforzando la idea de una plantilla amplia y preparada.
En cuanto a la polémica final, el entrenador evitó entrar en la discusión arbitral sobre una posible acción de penalti. Su discurso fue claro: centrarse en lo controlable. En este sentido, lamentó más la falta de finalización en una jugada clara que cualquier decisión arbitral.
Más allá del análisis táctico, el mensaje más potente llegó en el plano emocional. El técnico destacó la fortaleza mental del grupo, capaz de sobreponerse a situaciones adversas a lo largo de la temporada. “Ser ganador es una actitud”, defendió, poniendo en valor la resiliencia de sus jugadores.
El foco ya está puesto en la siguiente jornada, que el entrenador calificó como “otra final”. No ocultó su malestar por la desigualdad en los tiempos de descanso respecto al próximo rival, señalando que la planificación del calendario supone un perjuicio evidente. Aun así, evitó excusas y apeló a la responsabilidad competitiva.
Por último, hubo un reconocimiento explícito a la afición. El técnico destacó su papel fundamental y pidió proteger su vínculo con el equipo, recordando que el fútbol no se entiende sin el apoyo de las gradas.
El Real Zaragoza sigue así su lucha en un tramo decisivo de la temporada, con la convicción de que la actitud puede marcar la diferencia cuando el margen de error es mínimo.